Era de noche
y antes de que me venciera el sueño,
tu nombre en un suspiro venció a mis labios.
Y apagué la luz,
porque en la oscuridad me siento iluminada.
Para buscarte con los ojos ciegos de motivos.
Es un camino de ida y vuelta hasta tu casa.
Siete horas de viaje, siete sueños
y ni uno, ni uno es cierto.
Qué incrédula la noche
que pretende vaciarme los motivos de mis horas de sueño.
“Simplemente descanso” le discuto,
y la noche no hace más que descansar
tranquila sobre mi lecho, mientras yo te busco;
incansable.
Y llegó la mañana,
y en el séptimo sueño
desperté abrazada a la almohada.
Qué curioso...
tu rastro que sólo deja huellas invisibles,
qué castigo tu ausencia para mi mente clara.
Así que saludé al sol,
llamándole por tu nombre.
Él escondió tras las persianas una sonrisa cómplice.
Debe saber lo mucho que te extraño.
(desconozco su autor)
